Ana Rosa: Mi relato en Islandia| Concurso #ViajerosPolares

Un secreto a voces de la naturaleza en Islandia

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Cuando alguien viajaba a un lugar tan vivo del planeta como es Islandia, debe estar dispuesto a que sus emociones y sentidos se pongan en marcha, de todas formas, sucederá.

Adentrarme montada en la zodiac para avistar los icebergs, animales marinos y demás y llegar hasta el glaciar de fondo parando el motor de vez en cuando. Supuso en mí, una admiración y respeto por el inmenso silencio, que allí reina. Además, de calma en mis pensamientos que posiblemente estén discurriendo sobre la importantísima conservación medioambiental y también sobre la calidad de vida que ya es tiempo que conozca el ser humano.

Sólo podía llenarme del entorno. El tocar el gran trozo de hielo que subimos a la zodiac y verter mi imaginación dentro de él me hizo palpable algo que ya sabía, estaba acariciando vida. Algo tan transparente que a la vez es un espejo porque si le da el sol irradia luz, puedes ver tu sombra, lo que hay dentro o al otro lado, sea agua, tu mano sujetándolo, tierra, ceniza. Y que al deshacerse crea esa humedad que transporta tal pureza, tal limpieza, que consigue que tu cerebro este plenamente despejado.

Durante el viaje de ida y vuelta las palabras llegaban a mi mente con toda su nitidez y fuerza y decían: “Mira constantemente hacia delante. Ahí esta todo lo que tienes que ver y vivir. Hacia delante con todo tu campo sensorial. Es la manera de estar presente en el instante. De avanzar en esta vida.”

Este era el secreto que la naturaleza con su silencio, con su sonido, contaba a voces.

Los bloques de hielo eran de tan impresionante grandeza que deseaba, que no desaparecieran de mi vista jamás. Esto hacia que volviera la mirada para seguir examinándolos. Cada vez que pretendía recrearme nuevamente en ellos, mi mente decía el secreto a voces: “Mira hacia delante.” Porque todo lo pasado lo has vivido enteramente ya y podrías perderte algo nuevo más grande.

En la ruta sur de Islandia hay una conexión poderosa con el mundo. Estoy tan agradecida a todos y a todo. Al guía que conoce el lugar y que con satisfacción me enseñó a mover por esta zona del planeta. Es tal la responsabilidad que conlleva, que aunque sepamos que la aventura somos uno mismo con el apoyo del guía esta se vuelve más completa. Y los compañeros, esos con los que ya tenía algo en común nada más llegar.

Así finaliza la espiral del viaje, grabando en mi memoria los múltiples y variados fenómenos, paisajes, experiencias.

Bañándome en ríos o piscinas, calientes sus aguas por el uso de la energía geotermal, existente en estos lugares y dando igual el clima: Lluvia, viento, bajo cero, sobre cero, sea como sea un chapuzón en ellos, es confortable y estimulante. Ahora comprendo el porque estas gentes son tan propicias para las artes, letras y música.

Disfruté subiendo y bajando a esos enormes hielos arrastrados a alguna playa, donde la imaginación me permitió ver: tronos donde sentarme, animales fantásticos con cabezas, alas, patas, duendes, hadas.

El viaje terminó pero yo me traje valiosísimos regalos. El más grande: vida contenida en el mensaje de ese secreto a voces.

 


Nombre y apellidos del autora: Ana Rosa Gómez Senovilla
Título del relato: Un secreto a voces de la naturaleza en Islandia
Viaje de Tierras Polares al que hace referencia: Sur de Islandia, Julio 2014