Landmannalaugar: primeros pasos en Islandia

Lucía e Iván subieron al avión; asiento central y pasillo…

-“Te voy a dar una colleja…” espetó Lucía a Iván…

Yo miraba por la ventanilla del avión con la música a medio volumen, haciendo como si no me hubiese enterado de nada.

En el revistero del asiento delantero Lucía dejó el portadocumentos con los billetes de avión. Tierras Polares. Estos también vienen a Islandia.

– Qué genio tiene esta chica…! – pensé. Me hice el loco. Dos horas más tarde aterrizamos en Heathrow. El aeropuerto de Londres siempre tiene un aire especial, donde se mezclan culturas, modas, estilos, formas de mirar y formas de pensar sin que nadie esté fuera de lugar. Los aeropuertos tienen ese encanto, pero Hearthrow siempre tuvo una magia especial, una “buen rollo” diferente.

– Por lo que veo vamos a ser compañeros de viaje –

– ¿Ah sí? – Respondió Lucía –

– Si – ¿te has fijado en ese policía?, trabajan  menos que un funcionario – Pues yo soy funcionario –

Y así empezó una amistad nueva. Lucía e Iván fueron mi primera toma de contacto con el grupo de 8 que formamos Javi, Chema, Carlos, Adolfo, Nathalie, Iván, Lucía y un servidor. Goiko, un campechano chico de unos 38, con unos rulos al estilo Bisbal y mediana estatura sería nuestro guía y también amigo.

En un bar de Reikiavik entre cervezas, estudiando la ruta de Landmannalaugar

Llegada a Reijkiavik, traslado al albergue y organización de mochilas. Toca asignar a cada uno lo que cargará durante el viaje, su comida personal…

¡Cómo olvidar aquella tarrina enorme de margarina que parecía que no iba a terminarse jamás…!

Ya ha caído la tarde en Islandia, todavía cuesta creer que estemos allí y el grupo, pequeño, es genial, charlamos, tomamos decisiones sobre cómo aprovechar esa tarde como si nos conociésemos de toda la vida. Supongo que entre viajeros siempre hay buena disposición.

Los primeros líos con los cajeros, las primeras cervezas, esas palabras incomprensibles como jeroglíficos y la luz de la tarde se cuela como un fantasma cálido entre las calles del centro, se desliza y ves el sol ocultarse, quizás demasiado pronto.

Nos acercamos a Hallgrimskirkja, la llamativa iglesia luterana dedicada al poeta islandés Hallgrímur Pétursson. Sus formas geométricas y su estilizada torre se inspiran en las paredes basálticas de las cascadas de Islandia.

Hallgrimskirkja, la llamativa iglesia luterana dedicada al poeta islandés Hallgrímur Pétursson

Y frente a ella, Leif Eriksson, hijo de Erik el Rojo, mantiene su pose imperturbable, desafiante, como desafiando a un enemigo al que sólo él puede ver desde su atalaya.

Unas cuantas vueltas más por el tranquilo Reijkiavik, algunas sorpresas en sus calles, cenamos la hamburguesa Islandesa con ganas, otra cerveza y entre charlas el cansancio empieza a notarse.

De vuelta en el albergue cuesta dormir, imaginando cómo será lo que nos espera a partir de mañana: Islandia, “uno de los trekking más impresionantes del mundo“, todos esos colores, esos paisajes como pintados de una belleza irreal que tantas veces ví antes de salir de Madrid.

Comienzan los sueños, de la ruta de Landmannalaugar…