Islandia sinónimo de inefable
Que no se puede explicar con palabras, inexpresable, sublime, maravilloso,
¿Cómo haces un relato de algo que para ti es inefable?
No siendo muy fan del frio y el hielo había algo en esta isla que me atraía inexplicablemente. No sabía el que, pero algo dentro de mí no paraba de repetirme, ¡¡Tienes que ir a Islandia!!
Tras varios años intentando coincidir con amigas y amigos y darme por vencida, me anime a buscar una agencia con la que poder hacer el viaje en grupo, Tierras Polares, una decisión que haría el viaje más inefable si cabe, pues la gente que se sumó a él tiene gran parte de culpa de que esta experiencia fuese tan genial.
Tengo la convicción de que cuando algo llama tu atención incompresiblemente es porque la vida tiene algo especial que darte en ese lugar, y así fue. La tierra del hielo y el fuego me abrió un abanico de emociones y sensaciones que nunca había vivido. Hay que decir que mi viaje fue en febrero y todo estaba cubierto de un velo blanco de nieve, lo que hacía los paisajes más increíbles todavía.
Vimos desde auroras boreales, la montaña de Kirkjufell en Snaefellsnes, comimos en una playa de arena negra nevada y en un lago lleno de icebergs. Visitamos una cueva de hielo que te transportaba a otro planeta literalmente, atardeceres que nunca te hubieras podido imaginar como el de la playa de diamond beach, craters, geysers, las playas más peligrosas del mundo, paseos con crampones por lenguas glaciares, la inmensidad de la cascada de Skogafoss, y un largo etc…imágenes clavadas en mi retina para la eternidad; pero lo que nunca olvidare fue el maravilloso grupo de personas que conocí allí. ¿Sabéis lo que es tener agujetas en las costillas de tanto reír? Yo tampoco sabía que eso podía pasar y fue otro descubrimiento. El buen rollo, la buena energía del grupo, sin pelos en la lengua, personas naturales como la vida misma y auténticas, eso, no tiene precio. Sin duda Islandia y Tierras Polares unieron a las personas indicadas para hacer este viaje.
Fueron 8 días llenos de emociones intensas que no quería que se acabasen nunca, el viaje estaba llegando a su fin y la inmensa felicidad que sentía estando allí se iba a acabar.
Unos días antes de terminar el viaje el volcán entro en erupción, fantaseábamos con tener quedarnos más tiempo allí porque quizás no podíamos llegar al aeropuerto si la lava llegaba a la carretera, incluso algunos llegamos a pensar que hacer para poder vivir en Islandia dejándonos llevar por el entusiasmo.
Cuando sientes tanta conexión con un lugar tan diferente a lo que estás acostumbrado/a te hace sentir como si ya hubieras pertenecido a él , y de alguna manera hay algo que te hace crecer y/o cambiar. Esa es la magia de estos viajes, que te llenan tanto el “cora” que ya nunca los puedes olvidar.
Esteban nuestro guía nos llevó al aeropuerto tal y como tocaba con nuestra resaca emocional correspondiente. Decir adiós a esa pequeña familia islandesa que formamos fue muy triste. Me volví a mi ciudad con un auténtico flechazo de aquel país y de todo lo que en el habita, con la certeza de que volveré.
Gracias tierras polares por hacer posible este viaje, gracias Esteban por guiarnos y acompañarnos y gracias a todos mis compis de viaje por ser tan auténticos e inefables.
